¿Por qué me quedo con una pareja que me hace sufrir?

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

 

“Me siento desdichada por amar de esta forma, pero si le amo con dulzura, no consigo saber si le amo o no. Un amor plano me decepcionaría. Sólo una pasión desgarradora me proporciona la prueba de que le amor y, al mismo tiempo, me hace sufrir por amarle.”

Boris Cyrulnik, ‘El amor que nos cura’

De las palabras de Ginette, una de sus pacientes, Cyrulnik concluye que hay quienes piensan que “un amor sin sufrimiento no es un verdadero amor”. Desgraciadamente, su caso no es único. Se trata de personas atrapadas en relaciones de pareja en las que sufren, pero de las que les resulta muy difícil escapar. De estas personas se suele decir que son masoquistas.

El masoquismo es un concepto muy complejo, pues ha pasado de ser un tecnicismo psicoanalítico a transformarse en una palabra de uso popular. El término masoquista es muy reciente: aparece en el siglo XIX asociado a la novela de Leopold von Sacher-Masoch ‘La Venus de las pieles’. En ella, el protagonista extorsiona a su amada para que le trate de manera humillante. Resultan inquietantes las similitudes entre ‘La Venus de las pieles’ y un superventas actual como ‘Cincuenta sombras de Grey’.

Antes del siglo XIX, el sufrimiento estaba sobre todo asociado a la expiación de la culpa, por lo que a menudo estaba glorificado, como es el caso de la figura del mártir.

Actualmente, el masoquismo tiene connotaciones extraordinariamente negativas fuera de los ámbitos clínicos, ya que se entiende que a la persona masoquista le gusta sufrir. Esto no es exactamente así. Como explica Hugo Bleichmar, “la meta no es la búsqueda del displacer sino lograr, mediante el sufrimiento, el escapar de un sufrimiento mayor”. ¿Y cuál es ese sufrimiento mayor? La respuesta varía en cada caso y en cada pareja, pero suele girar en torno al miedo a la soledad, el abandono y la pérdida de control.

¿Por qué algunas personas tienen tanto miedo al sufrimiento, al abandono, a estar a la deriva, o a perder el control?  . (sigue leyendo)

 


 

Foto: (CC BY) Adhar Shanny Acosta Rocha-Sad song.

Afrontar el estrés de ser madre

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

De un tiempo a esta parte, he visto un incremento de mujeres que acuden a terapia con “depresión postparto”. El diagnóstico lo han elaborado ellas mismas, a menudo ayudadas por sus parejas, sus amistades, sus propias madres y, cómo no, sus suegras.

Con la llegada de internet, es frecuente que las personas que acuden buscando ayuda profesional lo hagan autodiagnosticadas. No voy a detenerme ahora en la inconveniencia de autoetiquetarse en la patología, pues eso nos llevaría muchas líneas.

Paradójicamente, para un psicólogo es muy interesante escuchar los autodiagnósticos, pues nos proporcionan una radiografía de la percepción social en relación a qué se considera saludable y enfermizo.

Lo sano y lo patológico cambian en cada momento social. Los valores compartidos en torno al éxito y la felicidad influyen en nuestras expectativas, generando en ocasiones un gran sufrimiento. Comprender este fenómeno y hacérselo entender a nuestros pacientes es una herramienta imprescindible en el trabajo psicoterapéutico.

¿Qué síntomas presentan las mujeres a las que me refiero? Culpa y estrés, mucho estrés.

Son mujeres que no encajan en el diagnóstico de depresión posparto incluido en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSMV) dentro de los trastornos del estado de ánimo. Eso es una enfermedad que requiere atención médica y psicológica.

Pero las personas de las que hablo, esas que no padecen una depresión posparto, sufren. Generalmente, se trata de mujeres mayores de 30 años que han trabajado duro para desarrollar su carrera profesional y han pospuesto la maternidad para encontrar ese buen momento en el que disfrutar de ella. Saben exactamente qué tipo de madres quieren ser, lo tienen todo controlado. Han leído a Carlos González, puede que hasta tengan la cuna de colecho. Están sobradamente preparadas.

Algunas de sus amigas tienen hijos y, aunque se las ve cansadas, aseguran que, cuando se es madre, aparece una fuerza sobrenatural que hace que puedas con todo.

Por eso, cuando nace el bebé y no experimentan esa entereza de la que todo el mundo habla, se sienten inferiores a las otras madres. Parece que a esas otras no les asusta tener un ser humano que depende de ellas para todo y que las requiere todo el día.  . (sigue leyendo)

 


 

Foto: (CC BY) Big D2112 – Mother and Child Reunion.

Cómo negociar con nuestra pareja

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

 

La capacidad de negociación que tiene una pareja es uno de los principales indicativos de salud de ésta. Gestionar adecuadamente los conflictos que aparecen en el día a día es una de las claves del éxito y la satisfacción de vivir en pareja. Las parejas que aprenden a negociar y afrontan creativamente sus diferencias están más unidas frente a las adversidades y perduran en el tiempo. Por el contrario, las que no adquieren esas capacidades, tienden a deteriorarse y tienen más probabilidades de separarse.

¿Por qué muchas parejas fracasan en sus intentos de negociar? En la mayor parte de los casos se debe a que no saben hacerlo. Muchas personas creen que el conflicto es algo negativo, por lo que lo evitan, lo posponen o se enfrentan a él tratando de someter la voluntad de su pareja.

En el artículo anterior (“Poder, rivalidad y conflicto en las relaciones de pareja”) tratamos de desmitificar las connotaciones negativas asociadas a las palabras poder y conflicto. Decíamos que el conflicto no es algo negativo, sino un indicador de que algo en la relación de pareja no está funcionando bien y debe ser revisado.

Hay tres preguntas fundamentales que hemos de hacernos cuando surge un conflicto en nuestra relación. ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué nos pasa? ¿Cómo podemos solucionarlo? Un conflicto es siempre una oportunidad de cambio y según se gestione, la relación de pareja saldrá fortalecida o deteriorada.

Podemos definir el conflicto en la pareja como una situación en la que las personas que la forman perciben que sus metas son incompatibles con las del otro. Éste énfasis en la percepción es muy importante, porque, como veremos a continuación, cuando se analizan en profundidad las metas, en muchos casos no son incompatibles, aunque los integrantes de la pareja perciban lo contrario.   . (sigue leyendo)

 


 

Foto: (CC BY) Nadia Morgan – Couple practice.