Entre dos tierras: los retos emocionales de vivir en el extranjero

Nunca sabes cuándo te va a cambiar la vida. A mí me pasó el 20 de marzo de 2017. Ese día se publicó en Verne “Soy psicóloga de duelo migratorio y estas son las cosas que más afectan a los emigrantes”. No era el primer artículo que escribía, ni siquiera el primero en un medio de comunicación de renombre, pero algo en aquel texto hizo que muchas personas se sintieran identificadas con mis palabras. Los días siguientes me los pasé enterrada en una montaña de emails. Recibí tantos correos que parecía imposible contestarlos todos. Personas muy diferentes de distintas partes del mundo me escribían para contarme cómo se habían sentido al leer el artículo, la mayoría de las cosas que me decían eran tan bonitas que me sentía muy agradecida, orgullosa y ciertamente abrumada.

Lo había conseguido, las dificultades asociadas al proceso migratorio habían dejado de ser un asunto directamente relacionado con la pobreza, con la denominada “migración de patera”, para ser un sentimiento cada vez más habitual en un mundo global.

Pasaron los meses y con ellos el aluvión de correos y un día, un 7 de julio, recibí un email de Javier Moreno Caballero, decía así:

Empezamos a saber de ti a través del artículo que publicó El País hace varios meses y desde entonces hemos estado dándole vueltas a la posibilidad de crear un documental sobre emigrantes españoles que viven en Londres y cómo encaran todo el proceso migratorio… Queremos enfocarlo desde un punto de vista psicológico y ahondar más allá de lo que los medios hablan cuando tratan el tema de la emigración.”

Concertamos una entrevista vía Skype y lo que Javier me planteó era un proyecto muy ambicioso, muy profesional. No era la primera vez que alguien del mundo audiovisual me invitaba a hacer una colaboración pero sí era la primera que me enamoraba de un proyecto de esas características. Es difícil de explicar. Hace poco leí que la confianza es un acto de fe y fue justamente eso lo que Javier consiguió. Creí en él y en su proyecto desde el principio, sin apenas conocerle. Dos meses después estábamos grabando en Madrid.

Durante dos años, Javier y yo seguimos en contacto vía email. Estuve asesorándole en lo que pude en materia de psicología.

Cuando empecé a trabajar con duelo migratorio no había mucha literatura al respecto. ‘Migración y Exilio’ de León y Rebeca Grinberg se convirtió en mi manual de cabecera. Después descubrí el trabajo de Joseba Achotegui. Los sujetos de sus investigaciones eran inmigrantes afincados en España con pocos recursos económicos. El psiquiatra vasco explicaba el carácter múltiple del duelo migratorio, es decir, había descrito todo aquello que pierde el inmigrante cuando se va: su cultura, su lengua, su tierra, su familia y amigos, su grupo de pertenencia, su estatus y su sentimiento de seguridad física.

Javier estaba fascinado con el trabajo de Achotegui y decidió utilizar su modelo como hilo conductor del documental. Pero, ¿era posible adaptar ese modelo a las vivencias de los españoles que habían emigrado a Londres? Ese era uno de los grandes retos a los que se enfrentaba el filme.

El 17 de septiembre de 2019 Javier y yo nos reencontramos en Londres, en el preestreno del documental. Estaba deseando ver el resultado final y tuve la gran suerte de compartir esa experiencia con los protagonistas.

Javier consiguió explicar el modelo de Achotegui utilizando las historias de distintos inmigrantes españoles residentes en Londres. Personas muy distintas con situaciones socioeconómicas muy diversas.

Los que estábamos en la sala de cine reímos y lloramos a partes iguales. Nos subimos en esa  montaña rusa de emociones que es el proceso migratorio.

Lo que más me gustó del resultado final es que refleja muy bien las dificultades a las que se enfrentan los inmigrantes españoles en el extranjero pero también su resiliencia, los recursos con los que cuentan para salir adelante. Entre ellos, destacaría la capacidad de establecer vínculos sólidos con otros compatriotas y el sentido del humor. Hasta el momento había leído algún libro coral que desmontaba el mito del emigrante español feliz y exitoso que tanto daño han causado programas como ‘Españoles por el mundo’, pero que situaban a los expatriados en el otro extremo, en unas condiciones de infelicidad absoluta que no se corresponden con mi vivencia como psicóloga que atiende a españoles en el extranjero.

Entre dos tierras’ es un documental que muestra cómo viven los inmigrantes españoles en Londres. En él podemos ver sus temores, sus decepciones, sus esperanzas, podemos sentir su nostalgia, su sentimiento de culpa por los que dejan atrás, la ambivalencia de las relaciones con sus familiares en España, sus deseos, sus sueños. En definitiva, su manera de “sentir el humor”, como explica la emigrante retornada Paloma Lirola en la escuela del buen humor sentir tu humor es saber reconocer cómo cambia en ti según lo que estés viviendo. Porque, como la vida misma, el humor es cambiante. A ratos será bueno, a ratos malo.”

‘Entre dos tierras’ recorre todo este abanico de humores que van desde la melancolía a la alegría, y que no dejarán indiferente al espectador. Lo consigue gracias a la espontaneidad de los testimonios y la exquisita sensibilidad del director. Ahonda en cuestiones tan complejas como la identidad, que es uno de los elementos que más se resienten durante el proceso migratorio. En ese sentimiento de no ser ni de aquí ni de allí, de vivir constantemente en un limbo identitario. Recoge el testigo de la capacidad de emocionar de los poetas del exilio, transforma en un documento audiovisual los anhelos de los que dejan su tierra y lo hace con rigor psicológico. Esto lo convierte en una obra única en su campo que sin duda supondrá un hito en la divulgación del concepto de duelo migratorio.

Presiento que el 1 de octubre cambiará la vida de Javier Moreno Caballero y la de muchas otras personas que se sentirán reconocidas viendo ‘Entre dos tierras: los retos emocionales de vivir en el extranjero’.

Parejas internacionales: ¿En tu casa o en la mía?

Tener pareja habitualmente es uno de los objetivos vitales más importantes del ser humano contemporáneo. Buscamos a alguien que nos proporcione amor, compañía, complicidad, y que en definitiva nos ayude a vivir más felices.  Sin embargo, tener pareja también implica afrontar dificultades y tensiones. Existen múltiples motivos: llegar a acuerdos en la toma de decisiones conjuntas, hacer compatibles nuestras peculiaridades con las suyas o entenderse con la familia política. Si además hemos constituido una pareja internacional, las adversidades que se deben afrontar pueden ser aún mayores.

¿Qué implica vivir con nuestra pareja extranjera si residimos en el país de uno de los dos? Esta situación es habitual para muchas personas que han decidido construir una pareja con alguien de otro país. La decisión de ir a vivir a un país u otro suele estar cargada de renuncias emocionales y aceptación de responsabilidades en ambos miembros de la pareja.

Si somos la persona que hace las maletas y decide vivir en el país del otro, es probable que tengamos que encarar algunas de las siguientes situaciones:

  • Afrontar todo lo que implica adaptarse a un país nuevo con una manera distinta de hacer las cosas.
  • Echar de menos nuestros seres queridos, nuestra tierra y nuestras costumbres.
  • Sentirnos mal si a nuestra familia y/o amigos les ocurren cosas importantes y no podemos estar cerca.
  • Lidiar con la incertidumbre de si algún día volveremos a nuestra tierra.

Estas cuestiones tienen un peso emocional importante. La pareja puede verse resentida si ambos miembros no se hacen cargo del peso emocional que tiene el que ha emigrado.

Si por el contrario vivimos en nuestro país con nuestra pareja internacional, sería importante que tuviéramos en cuenta el proceso de pérdidas y renuncias que ésta tiene que transitar, de forma que nos conectemos emocionalmente con su situación y podamos acompañarle de forma explícita y cercana en su duelo migratorio.

Esta tarea no siempre será fácil, ya que convivir con la idea de que nuestra pareja viviría en su país si no fuera por nosotros nos puede situar en un lugar algo incomodo, sintiéndonos responsables de parte de su futuro y de cómo le vaya en nuestro país. Aunque nuestra pareja haya tomado la decisión de dejar su país de forma racional, autónoma y responsable, a menudo en el otro miembro de la pareja aparecen conflictos internos y sentimientos de “culpa” de forma irracional. Muchas veces la persona que no ha emigrado siente el deber de realizar un mayor esfuerzo para sentir que al otro le ha merecido la pena estar lejos de su tierra.

Además, si la pareja se mantiene a lo largo del tiempo, el hándicap de que uno vive lejos de su tierra siempre estará presente en los hitos que atraviesan las parejas: la decisión de tener hijos, la pérdida de seres queridos o los cambios laborales y económicos.

El hecho de ser una pareja internacional será un factor que siempre será determinante en las decisiones estructurales que se tomen, por lo que se recomienda tener presente esta condición por parte de ambos.

El proceso migratorio debe ser algo que asuman los dos, tanto el que se ha ido como el que no. Independientemente del país en el que vivamos, sería deseable que ambos se hagan cargo del factor internacional, siendo conscientes de lo que implica para cada uno. Acompañar a nuestra pareja y ser cómplices en lo que está viviendo con respecto al proceso migratorio serán  factores clave para generar y mantener bienestar psicológico en la pareja internacional.

Ismael Cerón Plaza

 

Foto: (CC BY 2.0) –  Fabrice Jazbinsek– Couple

Emigración y salud mental

Con la salida masiva de miles de españoles en busca de oportunidades laborales en el extranjero, estamos asistiendo a una de las mayores transformaciones sociales de nuestra historia reciente. Por fin se ha abierto el debate sobre las consecuencias socioeconómicas que la fuga de talentos puede tener en el medio y largo plazo. Sin embargo, poco se está hablando de las consecuencias psicológicas que produce este fenómeno en los que se marchan y en sus familias.

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