Bebés prematuros: aspectos emocionales y condiciones de crianza

 

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

 

Manuel acudió a mi consulta diagnosticado de agorafobia. Tenía 16 años y su madre le traía en coche, pues él se sentía incapaz de viajar en transporte público. Le gustaba pasear de noche. Se sentía bien en ese ambiente de calma y tranquilidad, sin gente. En una ocasión, me contó que su madre le había regañado por salir de casa de noche. Para salir de casa tenía que saltar una valla de un metro. Su madre le dijo: “Podías haberte roto una pierna y haberte muerto de frío sin que nadie te oyese”.

Manuel fue un niño prematuro. Ningún profesional había relacionado sus problemas emocionales con esta circunstancia. A lo largo de nuestras sesiones, pudimos ver cómo su madre desde que era pequeño le había transmitido que él era un ser frágil en un mundo peligroso.

El embarazo suele durar 38 semanas. Sin embargo, en algunas ocasiones el parto se adelanta y el bebé nace antes de lo esperado. Hablamos en ese caso de un bebé prematuro.

Para los padres, se trata de una experiencia traumática, pues la mayoría de las veces el embarazo iba bien y en pocas horas las expectativas en torno a la paternidad y maternidad cambian bruscamente.

Las experiencias emocionales en torno al nacimiento de un niño prematuro acompañarán a la familia toda la vida, influyendo en la crianza y en la propia identidad del niño. Los nueve meses que dura un embarazo no es sólo un periodo de tiempo en el que el bebé madura físicamente, sino que es el tiempo en el que los padres se preparan psicológicamente para la nueva situación. . (sigue leyendo)

 


 

Foto: (CC BY ) Teza Harinaivo Ramiandrisoa- pregnant woman

¿Sola o acompañada? La decisión de buscar pareja

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

 

Su problema es que no sabe estar sola. Ésta es una frase muy común hoy en día. Generalmente lo dice una mujer refiriéndose a alguna amiga, en un tono algo despectivo, que deja entrever la debilidad de la susodicha.

Más que un cotilleo, se ha convertido en una sentencia, un diagnóstico que tiene su origen en la proliferación de la literatura de autoayuda. Uno de los mandatos de este nuevo género es el de aprender a estar solo o sola, como condición sine qua non para alcanzar los nuevos estándares de la felicidad. Y sin embargo, qué poco se habla de la necesidad de aprender a estar en compañía, pese a que las consultas de psicoterapia están repletas de personas con importantes problemas relacionales.

¿Qué es mejor desde el punto de vista de la salud mental, estar sola o acompañada? Parece que ésta es una pregunta que se hacen muchas mujeres y que obviamente no puede contestarse genéricamente, pues dependerá de las circunstancias concretas de cada persona, y del tipo y la calidad de las soledades y compañías a las que nos estemos refiriendo.

Pero, ¿por qué nos hacemos esta pregunta? ¿Por qué pensamos tanto en los ‘estándares de salud’ y dejamos tan de lado el deseo?

El deseo de las mujeres en relación a la búsqueda de la pareja y la elección del estado civil ha estado siempre en manos de terceros. No hace tanto tiempo, se obligaba a las mujeres a casarse contra su voluntad. Esta práctica sigue vigente en muchas partes del mundo. Con el tiempo, esa obligación dejó de ser tal y se transformó en una forma de presión social. Las mujeres podían no casarse pero se convertían en solteronas, mujeres que eran centro de burla, cotilleo o algún juicio clínico similar al actual. Hemos cambiado el “no es capaz de conseguir un hombre” por el “no sabe estar sola”. … (sigue leyendo)

 

 


Foto: (CC BY-SA) Santos González – Woman Viewing Bridge