El duelo por la muerte de la pareja

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

La muerte de pareja es uno de los acontecimientos más dolorosos y estresantes en la vida del ser humano. Sólo los que lo han experimentado entienden cuán desgarrador puede llegar a ser.

No podemos escoger la familia en la que nacemos pero sí la que formaremos, de hecho eso es lo que hacemos cuando nos comprometemos con una pareja. El pasado nos viene dado, pero para una persona con cierto nivel de salud mental, el futuro es algo sobre lo que se pueden tomar decisiones.

Caminamos por el mundo con un cierto nivel de certeza, con una sensación de que podemos controlar nuestras vidas. Cuando acontece un hecho traumático como lo es la muerte de un ser querido, especialmente cuando ésta es repentina, perdemos la sensación de que el mundo es un lugar sobre el que tenemos control. La muerte no sólo se lleva a la persona que amamos, sino también nuestro proyecto de vida, nuestras ilusiones, deseos y esperanzas.

La palabra duelo procede etimológicamente del término latino dolus, que significa dolor. En psicología, cuando hablamos del duelo nos referimos precisamente a la elaboración del dolor por la pérdida de algo o alguien. El duelo conlleva varias etapas: negación, ira, tristeza y aceptación. Estas etapas se presentan como cronológicas, aunque puede solaparse y no son necesariamente lineales.

La primera reacción ante la pérdida es la negación. Rosa Montero la describe muy bien en la frase que da título a una de sus novelas: ‘La ridícula idea de no volver a verte’. Esta frase ilustra a la perfección la incredulidad ante la pérdida, el decir “esto no puede estar pasándome a mí”. Pensar que no volveremos a ver a la persona que amamos produce un vértigo que lo convierte en absurdo, en ridículo. Frecuentemente, quienes acaban de perder a un ser querido se despiertan creyendo que ha sido una pesadilla y en cada despertar reviven la confusión y el desconsuelo.

Un episodio de la serie británica ‘Black Mirror’ ilustra cómo algunas personas pueden quedarse estancadas en esta fase. En este capítulo, titulado ‘Be Right Back’, se muestra un futuro en el que los muertos reviven gracias a la huella que dejan en internet: vídeos, imágenes, conversaciones, etc. Esta memoria virtual se inserta en un cuerpo artificial, creando una especie de clon. Así es como la protagonista del episodio crea un sucedáneo de su difunto esposo. La fantasía de no dejar ir a los muertos, de devolverles a la vida, no es nueva, es la esencia del‘Frankenstein’ de Mary Shelley.

Dejar ir a nuestros muertos es probablemente la tarea más dura a la que nos enfrentamos los vivos. De ahí la importancia de los ritos funerarios. Los vikingos depositaban a sus muertos en barcas, lo que simbolizaba la idea de dejarles marchar. Las barcas eran piras funerarias flotantes que ardían mientras se alejaban de las costas. Algo parecido sucedía en algunas regiones de la India.

Los velatorios y ritos funerarios ofrecen un espacio para despedirse y honrar al difunto y facilitan la elaboración de los duelos.

Poco a poco, la negación va dejando paso a la rabia. En esta etapa es normal que la persona busque culpables o proyecte su ira en los demás. Algunos autores distinguen las fases de rabia y tristeza. Sin embargo, es habitual que se alternen episodios de ira con otros de profunda pena.

Es importante permitir a la persona sentirse triste y expresar sus emociones negativas.

Si el duelo se desarrolla con normalidad, poco a poco la persona irá aceptando la pérdida y adaptándose a su nueva realidad. Irá reconstruyendo su proyecto de vida y volverá a experimentar alegría y ganas de vivir.

Algunos autores cifran en un año la elaboración del duelo, pero es difícil hablar de un periodo de tiempo concreto. Éste va a depender de factores como la personalidad, las capacidades resilientes, el tipo de vínculo que había con el difunto, las circunstancias de la muerte, el momento vital, las creencias religiosas y la calidad de la red de apoyo social… (sigue leyendo)

 


 

Foto: (CC BY)  – Uwe Richter-Summertime Sadness

Desamor y ruptura

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

 

La ruptura de la pareja es uno de los motivos habituales por los que las personas   acuden a terapia.

Hay muchas maneras de separarse, entre ellas se encuentran las separaciones de mutuo acuerdo, aunque en la práctica éstas son las menos frecuentes. Generalmente, es uno de los miembros de la pareja el que decide dar por finalizada la relación. Aunque la ruptura no comienza en ese momento ni termina en ese momento. Me gustan las palabras de Risto Mejide cuando escribe: “Una relación jamás se rompe. Como mucho, uno de los dos, cualquier día, constata el roto. Pero la relación ya venía rota para entonces”. Mejide ilustra en pocas líneas un proceso a menudo largo y doloroso al que denominamos desamor y que desemboca en la separación de la pareja.

Tendemos a pensar que aquél que sufre y acude a terapia es “la persona a la que han dejado”. Sin embargo, es muy frecuente que el que “constata el roto” lo haga primero. Una separación comienza el día en que a uno de los miembros de la pareja le asalta la duda. Sobreviene entonces una enorme ansiedad, desconcierto y culpa, mucha culpa. La difícil decisión de poner fin a una relación de pareja es un motivo habitual de consulta. (sigue leyendo)

 


 

Foto: (CC BY ) Ashley Campbell–William and Mary.

El aborto involuntario: Cómo superar la pérdida de un bebé

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

Carmen acaba de perder el bebé que esperaba. Es la segunda vez que tiene un aborto, tiene 35 años y hace tres que ella y su marido intentan tener hijos.

Después de año y medio intentando quedarse embarazada, la pareja se hizo unas pruebas de fertilidad que revelaron algunos problemas en el esperma de él. Entraron en lista de espera para un tratamiento de fecundación in vitro pero antes de que les llegara el turno, Carmen se quedó embarazada de manera natural. No lo esperaba, estaba feliz e ilusionada. La felicidad duró 8 semanas, hasta que a través de una ecografía supo que el corazón de su bebé había dejado de latir.

Cuando se enteró sintió frustración y rabia, “¿por qué a mí?”. Se preguntaba como tantas otras mujeres en su situación. “Estaba enfadada con mi cuerpo porque no había sido capaz de hacer el trabajo que tenía que hacer para que el bebé sobreviviese”. Este sentimiento también es muy común entre las mujeres que tienen un aborto espontáneo.

Algunas se sienten traicionadas por su cuerpo mientras que otras van más allá y experimentan culpa.… (sigue leyendo)

 

 


Foto: (CC BY)- KariHak – Anything is possible in a world of dreams