¿Qué nos lleva a la infidelidad?

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

 

“Cuando entra una pareja en la sala de terapia que lleva más de siete años de convivencia/matrimonio, existe una probabilidad de más de un 50% de que uno de los dos, o los dos, hayan tenido relaciones extramatrimoniales/infidelidades”

Annette Kreuz

La infidelidad es uno de los grandes tabúes de nuestra realidad social. Algo que aparentemente la mayoría de la población condena públicamente, pero que sucede con más frecuencia de la que imaginamos.

Antes de continuar con el tema que nos ocupa, me gustaría puntualizar que el objetivo de este artículo no es posicionarse a favor o en contra de la infidelidad, sino ofrecer una reflexión sobre esta realidad soterrada desde el punto de vista de la psicología. Ésta, por definición, está o debería estar exenta de los juicios morales ortodoxos que sirven como guía de la conducta humana.

La psicología se aleja de la dicotomía bueno/malo para adentrarse en las motivaciones de la conducta del individuo y el análisis de las consecuencias que ésta tiene sobre su vida.

Definir la infidelidad es algo complejo, pues para algunas personas la sola atracción por una persona distinta a la propia pareja constituye una infidelidad. Para otras, fantasear con un tercero es legítimo siempre que la fantasía no se lleve a la práctica. La mayoría de las personas consideran que la infidelidad se produce cuando hay un encuentro sexual con otra persona distinta a la pareja. Hay quienes distinguen entre encuentros sexuales con penetración y sin ella. La penetración constituye para muchos una barrera que diferencia la infidelidad. También hay personas para las que la infidelidad reside fundamentalmente en la implicación romántica con un tercero. De esta forma, el denominado “sólo sexo” no constituye una verdadera infidelidad.

Fidelidad y lealtad son conceptos estrechamente ligados. Resulta curioso cómo muchas de las manifestaciones de la deslealtad en la pareja están exentas del rechazo social que se aplica a la infidelidad. Un caso típico es el de la persona que constantemente habla mal de su pareja cuando ésta no está presente, o el abandono emocional por cuestiones de trabajo. A menudo, estas deslealtades son la causa de la infidelidad por parte del que experimenta la deslealtad.

Dentro de los mitos asociados a la infidelidad, encontramos el de que es más habitual en los hombres que en las mujeres. Como contesta el catedrático de psicología social de la UAM José Miguel Fernández Dols en las jornadas “Hombres, mujeres: encuentros y desencuentros/ La psique del amor” acerca de la mayor predeterminación genética de los hombres hacia la infidelidad  “El 14% de los niños nacidos en familias estables en la sociedad norteamericana no corresponden genéticamente al padre, es decir, la maternidad es un hecho y la paternidad es una opinión”. J.M Frenández Dols, que dirige el departamento de ciencias afectivas de la UAMse refiere a los famosos estudios de Nicole Gerlach en la Universidad de Indiana.

El cine se ha ocupado de normalizar la infidelidad femenina, asociándola a grandes historias de amor en las que el espectador comprende y perdona los sentimientos de la protagonista. Tal es el caso de filmes comoa’‘Casablanca ‘Los puentes de Madison’ y El paciente inglés’.

Las personas que acuden a terapia habiendo tenido una relación extramatrimonial lo hacen generalmente con un alto grado de ansiedad, confusión y sentimientos de culpa.

La mayoría de los psicoterapeutas coinciden en que la infidelidad es un indicador de que algo en la relación de pareja no funciona bien  . (sigue leyendo)

 


 

Foto: (CC BY) Rehan Jamil – DSC_1787-1.

¿Sola o acompañada? La decisión de buscar pareja

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

 

Su problema es que no sabe estar sola. Ésta es una frase muy común hoy en día. Generalmente lo dice una mujer refiriéndose a alguna amiga, en un tono algo despectivo, que deja entrever la debilidad de la susodicha.

Más que un cotilleo, se ha convertido en una sentencia, un diagnóstico que tiene su origen en la proliferación de la literatura de autoayuda. Uno de los mandatos de este nuevo género es el de aprender a estar solo o sola, como condición sine qua non para alcanzar los nuevos estándares de la felicidad. Y sin embargo, qué poco se habla de la necesidad de aprender a estar en compañía, pese a que las consultas de psicoterapia están repletas de personas con importantes problemas relacionales.

¿Qué es mejor desde el punto de vista de la salud mental, estar sola o acompañada? Parece que ésta es una pregunta que se hacen muchas mujeres y que obviamente no puede contestarse genéricamente, pues dependerá de las circunstancias concretas de cada persona, y del tipo y la calidad de las soledades y compañías a las que nos estemos refiriendo.

Pero, ¿por qué nos hacemos esta pregunta? ¿Por qué pensamos tanto en los ‘estándares de salud’ y dejamos tan de lado el deseo?

El deseo de las mujeres en relación a la búsqueda de la pareja y la elección del estado civil ha estado siempre en manos de terceros. No hace tanto tiempo, se obligaba a las mujeres a casarse contra su voluntad. Esta práctica sigue vigente en muchas partes del mundo. Con el tiempo, esa obligación dejó de ser tal y se transformó en una forma de presión social. Las mujeres podían no casarse pero se convertían en solteronas, mujeres que eran centro de burla, cotilleo o algún juicio clínico similar al actual. Hemos cambiado el “no es capaz de conseguir un hombre” por el “no sabe estar sola”. … (sigue leyendo)

 

 


Foto: (CC BY-SA) Santos González – Woman Viewing Bridge

El amor que todo lo puede… ¿O no?

 

Celia Arroyo

Psicóloga y psicoterapeuta

(Publicado originalmente en el blog del Instituto Palacios de Salud de la Mujer)

“Soy el depredador más peligroso del mundo… Estoy diseñado para matar… He matado a personas antes, también he querido matarte…”. Éstas son las palabras que Edward (Robert Pattinson) le dice a Bella (Kristen Stewart) en la película ‘Crepúsculo’, cuando ella descubre que él es un vampiro.

¿Y cuál es la reacción de la joven a tan aterradoras palabras? “No me importa, confío en ti”.

Bella cree que su amor por Edward se impondrá al hecho de que ella sea una mortal y él un vampiro. Su amor la protegerá frente al deseo que éste tiene de cuando en cuando de matarla. ¡Ah! Además se llevan 87 años, pero eso tampoco parece importarle: Edward los lleva estupendamente.

Bella se acoge al mito de la omnipotencia del amor. Cree que el amor puede vencer cualquier obstáculo.

Éste es el mito entre los mitos, todos los anteriores conducen a él. El mito de Pigmalión, el de la media naranja,el de la pasión eterna… Todos comparten una misma y peligrosísima idea: que el amor puede superar cualquier dificultad, lo que lleva implícita la creencia de que, por amor, todo vale. … (sigue leyendo)

 


Foto: (CC BY-ND 2.0) Hartwig HKB – In Love